Veinticuatro.

Mientras mi amada e indiferente vida corre tras los años verdes; mientras el pan caliente es reemplazado por un cubo y las quinceañeras muñecas ya no bailan, mientras tanto y llega, mientras esa risa sea tuya soledad y amiga, y ese rumor extraño de que existe ella, que viene a rendirle homenaje a mis largas esperas, que seré premiada por encender una vela por cada pertinencia…
Mientras el cielo me interroga y arroja agua por todo mi cuerpo, el infierno se acerca y enciende una llamarada por todo el pensamiento ¡ay, maestro de mí ya nada queda! Pero mientras sobre mis hombros lleve el peso de las nubes y sepa revelar los misterios de un viejo cuaderno, tal vez yo pueda encontrarla, o tal vez ella me encuentre con sólo una palabra.

© De León Isamar.

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Amore da lontano.

Te conozco, aunque nunca hayan tocado mis manos tu rostro, sé lo hermoso de tu alma, tu mirada a los lejos me asecha y el viento murmura muy cerca de mi oído, que recorrió mar y montaña para decirme cuanto me amas.

No he tocado tu piel, pero devoró mi piel tu poesía; piel y poesía, distancia y tiempo, ilusión y fe, aquí me tienes uniendo nuestro mar con un tintero.

¡Qué ingenuo es el olvido! Mientras estemos bajo el mismo cielo, besaremos el mismo anhelo; amor viajero que recorre la tierra y a veces vuela; no hay soledad sólo entusiasmo por comenzar el viaje!

Te conozco, cuando llegue el momento del encuentro el cuerpo poético de un viejo cuaderno, nos invitará a unir el cuerpo en sexo y amor como es de esperarse, ya se conocen nuestras almas que no saben de distancias ¡abre la ventana del alma y déjame seguir acercándome a ti!

©De León Isamar.

República Dominicana.

Imagen – pinterest.

Fronteras.

Más allá de las fronteras del mundo existen sobre nosotros unos rumores, dicen que nos hemos perdido en nuestro propio mundo, con diferencias de razas y estatus sociales, nadie nota la ausencia de la solidaridad, y sólo es notable el idilio de la igualdad cuando es nuestro.

Marcas y consumo es un beso seductor, pero el alma implora por amor, necesitamos versos que creen conciencia, sin rimas ni métricas, sólo los puntos esenciales; ser un ser humano auténtico y lleno de sensibilidad, crecer a través de la palabra que promueva la paz.

©Isamar De León.

Flores a tu puerta.

Dulcísimas fueron tus quejas que me llegaban, cuando me decías que la sombra de mi mirada a ti te asechaba, y te turbaba el pensamiento con caricias mías.

Fueron mías tus mañanas, salías descalza a la galería, vestida de seda y gotas de rocío, probando el dulce y amargo de tus ojos cafés ¡cuélate del lado de mi alma!

Y tú de aquel lado de la calle, me leías los labios, hurgabas en mi pecho esperando que me atreviera a hablarte, y yo unido al temor de no ser correspondido, me conformaba con soñarte.

No hace falta que te hable, ni que corra hacia tu casa, porque soy el que en silencio cada tarde deja flores en tu puerta, el que sólo con verte hacia ti vuelca toda su dicha, y tú lo sabes ¡porque sonríes ilusionada!

© De León Isamar.

Beso vencido.

A mi volverás sueño de amor de antaño, regando con ruegos una ilusión marchita, tan inoportuno como ese sol que se oculta en verano, y me deja desnuda bajo el frío de la luna. ¡Qué importa ya si vuelves con aquel beso rancio!

Volverás con ojos de afán y de tristeza, bajo una sombra negra de traiciones y desdichas, suplicando con rosas y palabras, que con piadosa poesía vuelva a revivir tu alma. ¡Qué importa ya si vuelves con aquel beso vencido!

Volverás justo cuando el bello sol ante el ocaso, haya pactado junto a otro esplendor un nuevo mañana, besos de rocío que abrirán mi flor y florecerán mis ilusiones junto a otro jardín muy lejos de tu engaño.

¡Qué importa ya si vuelves con ese beso que fue mío!

©De León Isamar.

Soy Poema.

Erase una vez; en ese cuerpo sin alma, en ese mundo de sueños que devoraban el día, erase ya el momento de vivir sin vagar junto a los demonios y sus terrores, de tender al sol su rostro y escapar del recuerdo tormentoso que la mantenía presa.

Así empezó a buscar sin parar un nuevo destino, a perderle el miedo al camino y a combatir las noches de insomnio con una oración ilusoria, que la llevaba a aquel viejo árbol, y entre epifanías y anhelos se fue desvistiendo la tristeza.

Escuchó por un instante su nombre, recordó de donde venía, pero no regresaría en donde no llegaba la primavera. Imaginó un nuevo lugar, y allí se dirigió, recogiendo flores y silbando, desnuda recorrió un torrencial deseo, al convertirse el pájaro, en el poeta que la guiaba con palabras y trinos a su nuevo destino.

Había llegado por fin, había vencido el frío, latía el corazón en su pecho, vestida de flores y con una sonrisa batió sus alas contra el tiempo y una rama, alzó su vuelo hacia el reflejo de sus propios ojos alegres y risueños.

© De León Isamar.

Colapso

Rueda el botón sobre el cuello teatral, que desde arriba ignora las miserias ajenas. ¡Ay, qué mal si hace sol en busca del honor! La cuestión es que todos tienen razón aún fuera de quicio.

Fingen no llenarse de vanidad o lo mismo: que es la exquisita mugre disfrazada de una sonrisa; publicidad pícara y precisa en el homicidio de la verdadera belleza.

Rueda el caballero cortés en otro tiempo, la arrolladora realidad amenaza con suspender la cordura, y el intelecto irónico intenta una alianza a discreción con su caballo.

© De León Isamar.
📸 – Masao Yamamoto.