-Desencanto- De León Isamar.

Abrió los ojos y se le hizo difícil ver más allá de su propio reflejo, la pared que sostenía un gran espejo, la invitó a dar un paseo. Entró encantada por la primavera de su rostro, buscó y buscó hasta hallar sus propios ojos, nadie le había dicho lo hermosa que era, y en busca del tiempo que ocultó su belleza, violentó el manubrio de la puerta hasta dar con calles, tejados y raros personajes.

El aire fresco la levantaba como a una flor de abril, descubría en cada perfume un rostro diferente, una antigua librería le recordó a sus danzantes pies, que casi llegaban a ningún lado, se ahogó al pasar por un charco la desdicha de no haberse peinado y una gota de sudor le refrescó el ruedo al vestido.

Ensayaba las razones de su felicidad, y con una enorme sonrisa fue puesta en duda su cordura – ¿Adónde va aquella mujer tan apresurada?

Escuchó una voz que la llamaba, supo que era a ella, pues aquella voz estremeció su alma, miró por encima de su hombro sin detenerse y unos ojos alegres acariciaron sus mejillas.

Dejó salir el aire sobre un viejo verso en un café, su pecho palpitante le aseguró que había llegado, y junto a aquel nuevo destino caminaba tomados de las manos, hasta que despertó y no pudo ya volver a entrar al encantado espejo.

© De León Isamar.

#aspiranteapoeta

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