Gemebundos ruegos.

Tuve un amor y ya no lo tengo,
fue sólo un sueño ilusorio,
del nuevo corazón que sigue latiendo,
mantuve un pálido amor huérfano
y en gemebundos ruegos anduvo.

En la noche el lecho frío,
en la mañana la vida ida,
sobre tu sangre de acero
la soledad impenetrable reposaba.

Tuve el alma mustia, y en perennal angustia
caminaba sin rumbo sobre la calle
de aquel triste día.

Y encontré al huir de mí,
las alas que sostienen mi cuerpo;
tuve una viva epifanía, de una alegría
que ya venía.

Y vi unos ojos luchando
por encontrarse con los míos,
vi una boca que aclamó un verso
y yo apenas sé…, que tuve un amor.

Tuve un triste final y un nuevo comienzo.

© De León Isamar.

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