Resplandores.

Dueña mía, alada estás a la armonía
de un corto vuelo sobre el alba,
los colores desgastados del sol
acarician bajo los ramajes de este árbol,
a las hojas que caen sobre el oriundo camino.

Y al ritmo de tus anhelos, dueña mía
donde florecen esos labios rojos
y el recuerdo ansioso alcanza veloz tus ojos,
tejiendo el viento sobre las líneas de los paisajes,
una silueta que se va deshilando
sobre el último día de un caluroso verano.

Y tú dueña de mis resplandores,
acógeme sobre cualquier flor que vuela;
en la dorada cabellera del trigo que baila
o los dulces néctares que liban las abejas.

Déjame recorrer con los dedos,
las corrientes suaves del viento…,
dueña mía, hecha de lira y de tres primaveras
seas música o una estrofa, calmas mi corazón
llenándome de dulces recuerdos.

©De León Isamar.
Dian Bernado – pintura.

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Afán y letras.

El amor viene y va;
llega cargado de besos
y se va suspirando recuerdos.

Al amanecer se levanta junto al sol
llenando de vida y poesía al escritor,
venciendo la emoción del lector.

Léeme amor que vienes y te vas,
revolcando tus ojos sobre mis letras,
léeme con devoción pero sin sentir el dolor
que siento yo.

Así en tu afán de encontrarte tú mismo
naufragas por cada una de mis palabras,
pero sino te dicen nada – ¿Por qué quieres que te lo diga yo?

Se enmudecen los pájaros al ver tanto vuelo en tu anhelo,
quieres descubrir tu propio cielo, en la frente tibia de un cuaderno.

Léeme sin esperar nada a cambio,
entregando solo los sueños profundos,
descansa sobre ese amor inalcanzable
y déjate llevar por el amor…,

Que va y viene: pero nunca te olvida.

Va siempre a parar a manos del poeta.
Y antes de morir, revive sobre el corazón de quien lo lee.

© De León Isamar.

Plumas y viento.

Que me perdonen tus ojos
si un día de mí se enamoraron,
ando buscando nuevos sueños
y al ardid de otra mirada quedé preso;
fecundo, añejo, medio loco.

Caí sobre un charco fangoso
en la humedad de un extraño dialogo,
el silencio hiere el clima con un abrazo,
gotas de pétalos que no besó el tiempo,
huye el rostro del frío sobre un viejo verso.

Quisiera confesar que me ido lejos,
ya no soy un poeta solitario y mojado,
sino el pájaro que huye de su destino,
ve los ramajes como abismos de Céfiro
y se siente atraído por su propio reflejo.

El espejo hace volar su imaginación,
y dentro del lujoso ático quedó atrapado….
Fui yo el que creyó perderlo todo, y canté
y grité, hasta que llegó la luz sobre unas manos.
O lo que fuera aquel beso que me recordó
….,
Que soy agua y árbol, plumas y viento,
soy la semilla que germina sobre un viejo cuaderno.

© De León Isamar.
imagen extraída de pinterest.

Gemebundos ruegos.

Tuve un amor y ya no lo tengo,
fue sólo un sueño ilusorio,
del nuevo corazón que sigue latiendo,
mantuve un pálido amor huérfano
y en gemebundos ruegos anduvo.

En la noche el lecho frío,
en la mañana la vida ida,
sobre tu sangre de acero
la soledad impenetrable reposaba.

Tuve el alma mustia, y en perennal angustia
caminaba sin rumbo sobre la calle
de aquel triste día.

Y encontré al huir de mí,
las alas que sostienen mi cuerpo;
tuve una viva epifanía, de una alegría
que ya venía.

Y vi unos ojos luchando
por encontrarse con los míos,
vi una boca que aclamó un verso
y yo apenas sé…, que tuve un amor.

Tuve un triste final y un nuevo comienzo.

© De León Isamar.

Veinticuatro.

Mientras mi amada e indiferente vida corre tras los años verdes; mientras el pan caliente es reemplazado por un cubo y las quinceañeras muñecas ya no bailan, mientras tanto y llega, mientras esa risa sea tuya soledad y amiga, y ese rumor extraño de que existe ella, que viene a rendirle homenaje a mis largas esperas, que seré premiada por encender una vela por cada pertinencia…
Mientras el cielo me interroga y arroja agua por todo mi cuerpo, el infierno se acerca y enciende una llamarada por todo el pensamiento ¡ay, maestro de mí ya nada queda! Pero mientras sobre mis hombros lleve el peso de las nubes y sepa revelar los misterios de un viejo cuaderno, tal vez yo pueda encontrarla, o tal vez ella me encuentre con sólo una palabra.

© De León Isamar.

Amore da lontano.

Te conozco, aunque nunca hayan tocado mis manos tu rostro, sé lo hermoso de tu alma, tu mirada a los lejos me asecha y el viento murmura muy cerca de mi oído, que recorrió mar y montaña para decirme cuanto me amas.

No he tocado tu piel, pero devoró mi piel tu poesía; piel y poesía, distancia y tiempo, ilusión y fe, aquí me tienes uniendo nuestro mar con un tintero.

¡Qué ingenuo es el olvido! Mientras estemos bajo el mismo cielo, besaremos el mismo anhelo; amor viajero que recorre la tierra y a veces vuela; no hay soledad sólo entusiasmo por comenzar el viaje!

Te conozco, cuando llegue el momento del encuentro el cuerpo poético de un viejo cuaderno, nos invitará a unir el cuerpo en sexo y amor como es de esperarse, ya se conocen nuestras almas que no saben de distancias ¡abre la ventana del alma y déjame seguir acercándome a ti!

©De León Isamar.

República Dominicana.

Imagen – pinterest.

Fronteras.

Más allá de las fronteras del mundo existen sobre nosotros unos rumores, dicen que nos hemos perdido en nuestro propio mundo, con diferencias de razas y estatus sociales, nadie nota la ausencia de la solidaridad, y sólo es notable el idilio de la igualdad cuando es nuestro.

Marcas y consumo es un beso seductor, pero el alma implora por amor, necesitamos versos que creen conciencia, sin rimas ni métricas, sólo los puntos esenciales; ser un ser humano auténtico y lleno de sensibilidad, crecer a través de la palabra que promueva la paz.

©Isamar De León.