Di Bello.

Todavía beso tus labios,
y sin tenerlos,
beso un profundo recuerdo.Viejo corazón encadenado a tu amor, que no entiende la traición ni un adiós, ha nacido para amarte y por más que suplico y suplico, olvidarte no he podido.
Enséñame viejo corazón, que no es el dolor infinito, porque cuando tú palpitas por ella, entonces yo…, muero, y cada vez que veo su reflejo sobre una estrella lloro, y sí fue mía ya no lo recuerdo, me encuentro solo, haciéndole devoción a un último beso, al borde de un abismo, entre sus labios y los míos.Y todavía la beso: entre suspiros y sueños.© De León Isamar.

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Resplandores.

Dueña mía, alada estás a la armonía
de un corto vuelo sobre el alba,
los colores desgastados del sol
acarician bajo los ramajes de este árbol,
a las hojas que caen sobre el oriundo camino.

Y al ritmo de tus anhelos, dueña mía
donde florecen esos labios rojos
y el recuerdo ansioso alcanza veloz tus ojos,
tejiendo el viento sobre las líneas de los paisajes,
una silueta que se va deshilando
sobre el último día de un caluroso verano.

Y tú dueña de mis resplandores,
acógeme sobre cualquier flor que vuela;
en la dorada cabellera del trigo que baila
o los dulces néctares que liban las abejas.

Déjame recorrer con los dedos,
las corrientes suaves del viento…,
dueña mía, hecha de lira y de tres primaveras
seas música o una estrofa, calmas mi corazón
llenándome de dulces recuerdos.

©De León Isamar.

-Desencanto- De León Isamar.

Abrió los ojos y se le hizo difícil ver más allá de su propio reflejo, la pared que sostenía un gran espejo, la invitó a dar un paseo. Entró encantada por la primavera de su rostro, buscó y buscó hasta hallar sus propios ojos, nadie le había dicho lo hermosa que era, y en busca del tiempo que ocultó su belleza, violentó el manubrio de la puerta hasta dar con calles, tejados y raros personajes.

El aire fresco la levantaba como a una flor de abril, descubría en cada perfume un rostro diferente, una antigua librería le recordó a sus danzantes pies, que casi llegaban a ningún lado, se ahogó al pasar por un charco la desdicha de no haberse peinado y una gota de sudor le refrescó el ruedo al vestido.

Ensayaba las razones de su felicidad, y con una enorme sonrisa fue puesta en duda su cordura – ¿Adónde va aquella mujer tan apresurada?

Escuchó una voz que la llamaba, supo que era a ella, pues aquella voz estremeció su alma, miró por encima de su hombro sin detenerse y unos ojos alegres acariciaron sus mejillas.

Dejó salir el aire sobre un viejo verso en un café, su pecho palpitante le aseguró que había llegado, y junto a aquel nuevo destino caminaba tomados de las manos, hasta que despertó y no pudo ya volver a entrar al encantado espejo.

© De León Isamar.

#aspiranteapoeta

Afán y letras.

El amor viene y va;
llega cargado de besos
y se va suspirando recuerdos.

Al amanecer se levanta junto al sol
llenando de vida y poesía al escritor,
venciendo la emoción del lector.

Léeme amor que vienes y te vas,
revolcando tus ojos sobre mis letras,
léeme con devoción pero sin sentir el dolor
que siento yo.

Así en tu afán de encontrarte tú mismo
naufragas por cada una de mis palabras,
pero sino te dicen nada – ¿Por qué quieres que te lo diga yo?

Se enmudecen los pájaros al ver tanto vuelo en tu anhelo,
quieres descubrir tu propio cielo, en la frente tibia de un cuaderno.

Léeme sin esperar nada a cambio,
entregando solo los sueños profundos,
descansa sobre ese amor inalcanzable
y déjate llevar por el amor…,

Que va y viene: pero nunca te olvida.

Va siempre a parar a manos del poeta.
Y antes de morir, revive sobre el corazón de quien lo lee.

© De León Isamar.

Plumas y viento.

Que me perdonen tus ojos
si un día de mí se enamoraron,
ando buscando nuevos sueños
y al ardid de otra mirada quedé preso;
fecundo, añejo, medio loco.

Caí sobre un charco fangoso
en la humedad de un extraño dialogo,
el silencio hiere el clima con un abrazo,
gotas de pétalos que no besó el tiempo,
huye el rostro del frío sobre un viejo verso.

Quisiera confesar que me ido lejos,
ya no soy un poeta solitario y mojado,
sino el pájaro que huye de su destino,
ve los ramajes como abismos de Céfiro
y se siente atraído por su propio reflejo.

El espejo hace volar su imaginación,
y dentro del lujoso ático quedó atrapado….
Fui yo el que creyó perderlo todo, y canté
y grité, hasta que llegó la luz sobre unas manos.
O lo que fuera aquel beso que me recordó
….,
Que soy agua y árbol, plumas y viento,
soy la semilla que germina sobre un viejo cuaderno.

© De León Isamar.
imagen extraída de pinterest.

Gemebundos ruegos.

Tuve un amor y ya no lo tengo,
fue sólo un sueño ilusorio,
del nuevo corazón que sigue latiendo,
mantuve un pálido amor huérfano
y en gemebundos ruegos anduvo.

En la noche el lecho frío,
en la mañana la vida ida,
sobre tu sangre de acero
la soledad impenetrable reposaba.

Tuve el alma mustia, y en perennal angustia
caminaba sin rumbo sobre la calle
de aquel triste día.

Y encontré al huir de mí,
las alas que sostienen mi cuerpo;
tuve una viva epifanía, de una alegría
que ya venía.

Y vi unos ojos luchando
por encontrarse con los míos,
vi una boca que aclamó un verso
y yo apenas sé…, que tuve un amor.

Tuve un triste final y un nuevo comienzo.

© De León Isamar.

Veinticuatro.

Mientras mi amada e indiferente vida corre tras los años verdes; mientras el pan caliente es reemplazado por un cubo y las quinceañeras muñecas ya no bailan, mientras tanto y llega, mientras esa risa sea tuya soledad y amiga, y ese rumor extraño de que existe ella, que viene a rendirle homenaje a mis largas esperas, que seré premiada por encender una vela por cada pertinencia…
Mientras el cielo me interroga y arroja agua por todo mi cuerpo, el infierno se acerca y enciende una llamarada por todo el pensamiento ¡ay, maestro de mí ya nada queda! Pero mientras sobre mis hombros lleve el peso de las nubes y sepa revelar los misterios de un viejo cuaderno, tal vez yo pueda encontrarla, o tal vez ella me encuentre con sólo una palabra.

© De León Isamar.